Santo Domingo — El 30 de noviembre de 1981 quedó marcado en la memoria de los residentes de San Carlos como una tarde de pánico. Un incendio, seguido de una potente explosión, destruyó totalmente el establecimiento comercial «Almacenes Mármol», dejando a su paso escombros, heridos y una comunidad conmocionada.
Inicio del siniestro:
El siniestro se inició alrededor de las 4:30 de la tarde en el edificio ubicado en la calle Hernando Gorjón, esquina Antonio Caba. Lo que comenzó como un pequeño fuego en la segunda planta derivó rápidamente en una explosión de tal magnitud que lanzó fragmentos de bloques a más de cien metros de distancia. El impacto fue tan violento que incluso desplazó diez metros un furgón cargado de mercancías que se encontraba estacionado frente al local.
El saldo del desastre:
En el incidente, cinco personas resultaron lesionadas, incluyendo al propietario del negocio, el señor Francisco Mármol Lizardo. Afortunadamente, la mayoría de los afectados fueron curados y despachados de inmediato; solo una persona permaneció hospitalizada con heridas de gravedad, aunque fuera de peligro vital.
Los daños materiales fueron cuantiosos:
- El inventario: Se estimaron pérdidas de RD$200,000.00 en mercancías de quincallería.
- El entorno: Cuatro vehículos estacionados en las inmediaciones quedaron con los cristales destrozados.
- Servicios: La explosión derribó dos postes de luz, lo que provocó un apagón general en todo el sector.
Causas probables:
Aunque el negocio funcionaba como quincallería, testigos de la época afirmaron que el establecimiento solía abastecerse de fuegos artificiales durante los meses de noviembre y diciembre. Esta acumulación de pólvora para la temporada navideña fue señalada como el combustible que alimentó la fuerza de la explosión.
La tragedia no fue mayor gracias a que, antes del estallido principal, se escucharon pequeñas detonaciones que alertaron a los presentes, permitiéndoles abandonar el edificio a tiempo.
El fin de la emergencia:
Siete unidades del Cuerpo de Bomberos de Santo Domingo trabajaron intensamente durante casi dos horas para sofocar las llamas. Finalmente, a las 6:25 de la tarde, el fuego fue controlado, dejando tras de sí las ruinas de lo que fuera un próspero comercio y una lección sobre el peligro del almacenamiento de explosivos en zonas residenciales.