El pasado 9 de marzo se conmemoró el 209.º aniversario del nacimiento de Francisco del Rosario Sánchez, quien junto a Juan Pablo Duarte y Matías Ramón Mella conformó la trilogía de los Padres Fundadores de la República Dominicana.
Orígenes y juventud
El prócer nació el domingo 9 de marzo de 1817 en la antigua calle del Tapado (actualmente calle 19 de Marzo), en la ciudad de Santo Domingo. Fue hijo de Narciso Sánchez y Olaya del Rosario Belén.
Resistencia y estrategia
Tras la llegada de Charles Hérard a Santo Domingo el 12 de julio de 1843, los líderes trinitarios Juan Pablo Duarte, Juan Isidro Pérez y Pedro Alejandrino Pina se vieron obligados a ocultarse. Posteriormente, se embarcaron hacia Curazao en la goleta del capitán Finlay para escapar de la persecución haitiana.
Sánchez, decidido a no ser capturado, permaneció escondido en la ciudad. Sus compañeros difundieron el rumor de su fallecimiento, alegando que su cadáver había sido sepultado en el cementerio de la iglesia Nuestra Señora del Carmen; gracias a esto, Hérard abandonó su búsqueda.
Durante nueve días, un grupo de damas se reunió en la casa del señor Narciso para rezar por el alma del joven revolucionario, quien contaba entonces con 26 años.
Incluso Pedro Santana, comprometido con la causa independentista, creyó en la noticia. Al enterarse de la supuesta muerte, le manifestó a su hermano Ramón: “Sánchez ha muerto. Yo retiro mi concurso. No tengo compromisos con muertos”.
La proclamación y el exilio
El 17 de agosto, a medianoche, Hérard abandonó inesperadamente la capital. Meses después, el 27 de febrero de 1844, Sánchez proclamó la República en la Puerta del Conde junto a Matías Ramón Mella, Vicente Celestino Duarte, Tomás Bobadilla, los hermanos Puello, Benito González y otros patriotas. Su presencia en el Baluarte causó un gran asombro entre los presentes que lo creían muerto.
Seis meses más tarde, el 22 de agosto de 1844, fue desterrado debido a su lealtad a Duarte. Regresó al país en 1848 bajo la amnistía decretada por el presidente Manuel Jimenes. A partir de entonces, se vio envuelto en la convulsa vida política de la época, quedando vinculado a los tres partidos personalistas que marcaron la primera etapa de la República: el jimenista, el santanista y el baecista.
Conflictos y oposición a la Anexión
Sánchez participó en la conspiración del 25 de marzo de 1855, encabezada por los generales Pedro Eugenio Pelletier y Pedro Ramón de Mena. Al descubrirse el complot, buscó asilo en el consulado inglés y partió nuevamente al exilio, uniéndose a Buenaventura Báez en Curazao para combatir el régimen de Santana.
En 1856, bajo el gobierno de Báez, sirvió como gobernador político y comandante de armas de la capital. No obstante, el 30 de agosto de 1859 fue detenido y acusado de participar en el movimiento revolucionario de la noche de Santa Rosa de Lima contra Santana, lo que lo llevó una vez más al ostracismo.
Mientras se encontraba en Saint-Thomas, recibió la noticia de la inminente Anexión a España. El 20 de enero de 1861, escribió su célebre Manifestación al pueblo dominicano, donde denunció que la entrega a la monarquía española significaba la muerte de la República: “la República está vendida al extranjero; y el pabellón de la cruz, muy preso, no tremolará más sobre vuestros alcázares”.
El sacrificio final en El Cercado
En su lucha contra la Anexión, Sánchez buscó apoyo en Haití. En Puerto Príncipe, el presidente Fabré Geffrard le ofreció ayuda inicial, pero al no concretarse las promesas, el prócer regresó a Saint-Thomas. Finalmente, volvió a Haití para organizar una invasión junto al general José María Cabral. En la expedición participaron también Fernando Tavera, compañero de Valentín Alcántara y Domingo Ramírez, quienes habían participado en las guerras de independencia, y luego se pasaron a los haitianos y en El Cercado, en Neiba, en Vallejuelo y otros lugares de la frontera dominico-haitiana distribuyeron proclamas y hojas sueltas a favor de la indivisibilidad política de la isla.
Sánchez cayó herido en una emboscada preparada por Santiago de Oleo y Pascual Montero al pie de la loma de Juan de la Cruz, en El Mangal. Tras su detención, los patriotas fueron trasladados a San Juan de la Maguana y condenados a muerte por un Consejo de Guerra presidido por el general Domingo Lazala.
El 4 de julio de 1861, antes de ser fusilado y envuelto en la bandera nacional, pronunció sus últimas palabras: “Decid a los dominicanos que muero en la Patria y por la Patria. Y a mi familia, que no recuerde mi muerte para vengarla”.
Junto a él subieron al patíbulo otros valientes duartistas y aliados, entre ellos el poeta Félix Mota, Domingo Piñeyro, Francisco Martínez, Juan Erazo, Benigno del Castillo, Manuel Baldemora, Pedro Zorrilla, José del Carmen Figuereo, Juan Morris, José Corporán, Juan Gregorio Rincón y José de Jesús Paredes.
Honores póstumos
La guásima donde cayeron estos soldados fue quemada el 28 de diciembre de 1894. Los restos de Sánchez fueron trasladados a Santo Domingo el 6 de abril de 1875, depositándose inicialmente en la Capilla de los Inmortales. Finalmente, el 27 de febrero de 1976, fueron llevados al monumento en la Plaza de la Independencia (Altar de la Patria), donde hoy descansan junto a Duarte y Mella en honor a los fundadores de la República Dominicana.